jueves, 20 de octubre de 2011

Martxoak 31

Tristes momentos tiene la vida
en los que hay que tomar postura
entre dos partes que ni en pintura
con la otra pueden tener cabida.

La República del treinta y uno
iba a sufrir el alzamiento
injusto a más de inoportuno,
doloroso a más de sangriento.

Frente a frente derecha e izquierda,
aquí Lenin, allá ¿“Jesucristo”?,
al mandar la moral a la mierda
de tres pares montarán un cristo.

A un lado están los monárquicos,
el capital, la cruz y el ejército
que a comunistas, sociatas y anárquicos…
ni siquiera los quieren de séquito.

Es el fascismo y la tiranía,
la España negra de color noche
quién con violenta epifanía
de vidas causará un derroche.

Es la fuerza contra la razón,
el viva la muerte, el no a la vida,
la causante de la sinrazón,
la cobarde, la no atrevida.

Es la España una, grande y libre,
el Estado-Nación sin nociones,
quien armas toma de gran calibre
para avasalle de las naciones.

Es la guerra civil española
una guerra internacional
en Euzkadi que defiende sola
su soberanía nacional.

Aquí a ambos lados más de lo mismo
y entre ellos aparece el estro
de los de siempre, el nacionalismo,
luchando por lo que es nuestro.

Aquí no solamente se lucha
por la Euskadi que es posible
porque hay quien lo hace y escucha
por la Euzkadi que no es imposible.

Aquí es lo español contra lo vasco,
el castellano contra el euskera,
el meollo de este chubasco
que hacia dentro viene de fuera.

Aquí queremos el Estatuto,
que ni derechas ni izquierdas quieren
en realidad en absoluto
que nuestros ojos por fin lo vieren.

Porque queremos la independencia
con el corazón y la chaveta
decimos a toda inteligencia
que el Estatuto no es nuestra meta.

Aquí se lucha por que persista
el primerizo Gobierno Vasco
que tiene quien le causa atasco,
que resiste aunque se le resista.

Por el Lehendakari aquí se lucha
porque en el vemos simbolizada,
ya sea poca, ya sea mucha,
nuestra voluntad al viento izada.

Aquí se lucha por una forma
de entender y hacer la política
porque en ella no se deforma
nuestra voluntad legendaria y mítica.

Aquí se lucha por nuestros fueros,
por aquellos usos y costumbres
más auténticos y verdaderos
que cualquier norma o ley que vislumbres.

Aquí se lucha por nuestras Juntas
con apellido de Generales
porque en ellas como bien barruntas
las voluntades son ancestrales.

Aquí se lucha por la historia
con sangre escrita de antepasados
que frescos están en la memoria
por hombradas y acciones de osados.

Aquí se lucha por nuestra etnia
que tiene propia lengua y cultura
y que es virgen como una gardenia
que no es blancuzca, más bien, albura.

Aquí se lucha por las Libertades
que patrióticos vascos conscientes
obedeciendo a sus lealtades
con uñas defendieron y dientes.

Aquí se lucha por nuestra Patria,
por Euzkadi que es nuestra Nación,
que no necesita a quien la expatria,
que quiere su determinación.

Aquí lucha contra Euzkadi España
que pretende hacer sinalefa
entre aquella con esta extraña
que de Euzkadi se cree la jefa.

Resuelven Guipúzcoa y Bizkaya,
al contrario que sus ¿dos? hermanas,
por la República echarle agalla,
no por motivaciones hispanas.

Por esta circunstancia el frente
así de piano, así de piano
a situarse va de repente
entre Otxandiano y Legutiano,

Un veintidós de julio fatídico,
en mil novecientos treinta y seis,
ocurría el pasaje verídico
que en estas estrofas veréis.

Sin parar en que es improcedente
su acto sanguinario y sandio,
de Vitoria un avión procedente
bombardea el pueblo de Otxandio.

Celebraba Otxandio los festejos
conocidos por la Santa Maña
cuando le echaban por España
bombazas varias que no los tejos.

En la plazuela de Andikona
de esta atractiva localidad
mucha pero que mucha persona
fallece en la amoralidad.

Cuarenta y tres víctimas mortales,
treinta y nueve de ellos civiles,
las cantidades son anormales
que manejan los correveidiles.

Un acaudalado derechista
de los Lezama-Legizamon
sin revelar ni mista ni chista
se cree que paga el avión mamón.

Cuando una medida alarmista
trata de evitar el contratiempo
Durango era por este tiempo
mayoritariamente carlista.

Los requetés carlistas que entrenan
entre la fauna y flora de Urkiola
batería de armas estrenan
que el Alcalde de Durango diola.

Allí esperaban el alzamiento
como los carroñeros al muerto
para gritar al aire y al viento:
Señores, la República ha muerto.

Ante tamaña conspiración
unos valientes de forma pública
separan de la corporación
a los contrarios a la República.

Son al instante destituidos
junto al alcalde una decena,
igualmente que sustituidos
por concejales de moral llena.

Con diez Jeltzales por regidores
y seis ediles republicanos
el Ayuntamiento, mis oidores,
se apresta para tiempos secanos.

Entre el mes de agosto y septiembre
el Comité de Defensa apresa
a quienes quieren ver para siempre
a aquella República presa.

Detenidas son, aunque no todas
en celdas acaben carcelarias,
en torno a unas cien personas
ya participes, ya partidarias.

Será el veinticinco de septiembre
de mil novecientos treinta y seis
el día en que el enemigo siembre
Durango de bombas, ¡entendéis?

A las once horas mañaneras
una de aeroplanos cuadrilla
a las claras de malas maneras
sus intenciones muestra en la villa.

Impacta uno de los proyectiles,
consiguiendo que Ezkurdi vibre,
en el frontón que al aire libre
no ha visto derechazos tan viles.

Por las bombas que otros tulleron
una docena de milicianos
como cayó Guipúzcoa cayeron
muertos jóvenes que no ancianos.

Ni un solo durangués por fortuna
estira la pata en la acción
en la que hay más de veintiuna
con desgarraduras de mención.

De milicianos pequeña turba
sedienta de sangre y venganza
la calma de la cárcel perturba
con una acometida a ultranza.

Con gentes de cebra abarrotada,
sita en la calle de Ermodo,
ve la enceldada y embarrotada
como la irrumpen de rudo modo.

Son sacados a regañadientes
unos veintidós pro sublevados
que ahogados en aguardientes
preferían a ser fusilados.

Ocúrreles por partida doble
en el mismo paraje, no yerro,
bajo el son de un balado redoble
de esta vida el destierro y entierro.

En el camposanto de la villa
bien atados de pies y de manos
la mortal fogosa rafaguilla
no la ven porque están vendados.

En mil novecientos treinta y siete,
en un serio consejo de guerra
el tribunal sentencia, y no yerra,
de Durando a otros cuarenta y siete.

Son imputados por rebelión
y a algunos se les condena
a estar años en el pabellón,
a otros a la capital pena.

Este mismo año, el treinta y siete,
el día treinta y uno de marzo
no es un dime ni un direte
que a Durango menean el zarzo.

Apenas unos diez días antes
realiza Franco la maldición
sobre el Norte con gestos tirantes
y presagiando su rendición.

El amoral Mola ya decía
que iba a arrasar Bizkaya
y aunque ya se le contradecía
sus ojos no la vieron vasalla.

Por decirlo en un decasílabo
Durango, Gernika y Bilbao…
en lo que dura un tiempo trisílabo
sabrán sí lo que es ser silbao.

La sobre Bizkaya ofensiva
un tal Juan Vigón aboceta,
al que esta versería inventiva
¿abofetea o abofeta?

El de este Coronel bosquejo,
esté bienhecho o esté hecho mal,
lo retoca el pasar sin más quejo
por entrecejo de un alemán.

Es el Doctor Wolfram von Richthofen,
Teniente Coronel hitleriano,
quien logra que sus ideas gocen
de apoyo entre el mando tirano.

Francisco Franco y Emilio Mola,
el Velani y el Hugo Sperrle
sus síes, no sis, ¡qué carambola!,
al plan de ataque van a otorgarle.

Los dos últimos son extranjeros,
aquel par además españoles,
si les cantan en Espana goles,
que escuchen en Euzkadi peros.

Aquel Velani es el Comandante
de la Aviazione Legionaria
con que a la España de mal talante
ayuda la embotadilla Italia.

Hugo Sperrle es el equivalente
en la Legión Cóndor del latino
con que Alemania la repelente
colaboraba con el mal mezquino.

Como esta España alimaña
por sí misma nada es sin la ayuda
de Italia como de Alemania
a las mismas se verá que acuda.

Y este par de potencias tiránicas
como precisan de un campo de pruebas
lo encontrarán en tierras ¿hispánicas?
con pocas trabas, con muchas levas.

Así lo en Durango acontecido
como la sintonía inicial
a lo mejor se te haya ocurrido
de la Segunda Guerra Mundial.

En Durango Alemania aprende,
pero es una mano italiana
la que va y desde lo alto prende
una chispa que viene a ser llama.

Así la Germania es la cabeza
como Italia el brazo ejecutor
de esta obra que es una torpeza
con autor, con autor, con autor.

España es la culpable máxime
de este crimen contra nuestra gente
causado por un alma inánime
con un ansia de poder urgente.

Pasemos pues a la narración
de este día jamás olvidado
en que por bombas de aviación
nuestro pueblo quedó masacrado.

A los pilotos se ordenaba
no tener en consideración
la condición civil que honraba
a los dignos de ¡admiración!.

Mareli el Teniente Coronel
ordenaba a las escuadrillas
mirar con ojos de oropel
a la más valiosa de todas las villas.

A las seis, sin cantar el gallo,
los primeros de hierro alados
reconocen, y ya no me callo,
desde el aire nuestros poblados.

Ante la amenaza etérea
como el mejor de los subterfugios
llamaba la alarma aérea
a refugiarse en los refugios.

En la fabrica Café Baqué,
bajo la torre de Santa Ana
estaban no preguntes el qué
que ahora no me da la gana.

En Barrenkalle en el veintiocho,
en Barrenkalle hacia el veintiséis
que había no es cosa de pinocho
los que quiero que os imaginéis.

En los sótanos de las viviendas,
en el Batzoki bajo su planta
se esconde, y no son leyendas,
con pánico mucha gente santa.

Tras esta primeriza pasada
nuestra villa que se lleva el susto
recibirá al ser repasada
ira, rabia, dolor y disgusto.

Desde Logroño y desde Soria
unos cazas y unos bombarderos
despegaban sin pena ni gloria
cual pájaros con piel de corderos.

Son entorno a dieciocho cazas,
de los segundos dos escuadrillas
quienes reducen templos y casas…
a escombros, cenizas y astillas.

Soltarán su abusiva tos
porque no nos quieren a ninguno
cazas Fiat ce erre treinta y dos,
bombarderos Savoia ocho uno.

La doscientos trece escuadrilla
hacia Elorrio coge la derrota
para dejar a mucha cuadrilla
con el alma destrozada y rota.

Cinco aparatos se ensañan
en este villorrio palaciego
al que con dañoso daño dañan,
¿no lo ves o es que estas ciego?

Murciélago es el nombre de guerra
de estos aviones que en su cola
a esta rata con alas que aterra
sobre negro en blanco llevan sola.

¿Cómo se pueden llamar murciélagos
los que atacan con la luz del día?
¡Es como querer que haya archipiélagos
en una desértica sequía!

Son los Savoia ese ocheinta y uno,
no los Junker ju cincuenta y dos,
los causantes de este acto bajuno,
a más de atroz, veloz y feroz.

No es cachondeo ni es broma,
es una angustia de pesadilla
que dirección a Durango toma
la doscientos catorce escuadrilla.

Dejando el sol a sus espaldas,
a las ocho y media arriba abajo
bombarderos con guardaespaldas
Durango dejan como un andrajo.

Nuestra villa de valle a pique
a malas la mandan, no a buenas,
bajo un atronado repique
de campanazos y de sirenas.

Enfilan la calle Kurutziaga
dando muestras de irreverencia
hacia Santa María que paga
con carestía ser referencia.

Cinco bombarderos alocados
y nueve cazas recién diablados
hundidos dejan y trastocados
muchos lugares. ¡Pero qué endiablados!

Para cometer una incultura,
que ni un descargo la descarga,
a mil quinientos metros de altura
los bombarderos sueltan su carga.

Caen en Durango como trombas
de unos cincuenta kilogramos
un total de unas ochenta bombas
para ver si por fin malogramos.

En Kurutziaga que aquí idolatro
sufren impactos de forma incruenta
las casas treinta y dos, treinta y cuatro
treinta y seis, treinta y ocho y cuarenta…

Ni la ermita de la Vera Cruz
ni la iglesia de los Jesuitas
están a salvo de la acritud
que al aire dejan estos fascistas.

En la iglesia de los de Loyola
se estaba diciendo la misa
cuando destrozan tal que escayola
su bóveda y también su cornisa.

Dando gracias a Dios se hallaban
en su interior una cincuentena
que ven como sus vidas hollaban
quienes merecen la cuarentena.

Hasta el hombre de Dios desfallece
dando la comunión a los fieles
por un hatajo que bien merece
que les llamemos desde aquí infieles.

Al convento de Santa Susana
no por azar le toca la china
en la hora en que sufre la insana
carnicería y escabechina.

Onces monjas y una sirvienta
se extinguen en el mismo acto
en que alguna bomba revienta
en mil pedazos. ¡Qué poco tacto!

En la iglesia de Santa María,
en la calle que lleva su nombre,
el mismo desgarro bramaría:
¡Señor, esto no tiene pronombre!

En el pórtico había mercado,
en la iglesia celebración
cuando del cielo el mismo pecado
origina la depredación.

Cuatro infernales artefactos
traspasan la bóveda y el pórtico,
lapidando para ser exactos...
¿No me serás todavía agnóstico?

Otros cuarenta y el sacerdote
parten desde la iglesia al cielo,
¿no te indigna este acto, machote?
¡O es que tu alma es de hielo!

El altar mayor y el gran coro
se llevarían la “peor” parte
por estas bombas que como un loro
antes de estallar silban sin arte.

Los bancos se llenan de escombros,
la gente se haya sepultada,
¿no osareis sacar a hombros
a los autores de esta cerdada?

Como la calle de Andra María
tronante tragaron pedorreta
ambas ayer General Eguía:
Uribarri y Kampatorrosteta.

En la Andra María calleja
peor parados salen los pares
que un par o pareado de impares
para el que plantan pura colleja.

La primera casa tras el puente,
a la izquierda, aquí me refiero
para decir que una bomba hiriente
la atravesó desde el cielo fiero.

Antes que aquél a derecha, izquierda
y tras él todas las moradas
quedaban por las bombas de mierda
con moretones y amoratadas.

En Kampatorrosteta las casas
que dan de la iglesia al oriente
sienten la macabra, en sus carcasas,
“andanada” que lanzo un riente.

Si miraras al de Santa María
desde el puente de Montevideo,
en seis casas que allí había
a la izquierda verás bombardeo.

Desde el levante hacia el poniente
si recorrieres Andra Maria,
el hogar que topares enfrente
un bombazo lo lastimaría.

Tampoco el frontón se salva
de esta salva de explosiones
que bombas lanzadas a mansalva
originaron sin discusiones.

Porque no se paró en la pregunta:
¿tantas muertes para qué sirvieron?
muchas otras viviendas sufrieron
real salvajada no presunta,

Por una masa de aves marrana
llena de arrogantes y arrogados
cuatro mil kilos, dile a paisana,
de explosivos son arrojados.

Hacia las once de la mañana,
cuando el pueblo sigue aún incrédulo,
ellos con su locura rayana
evaluaron los daños ,¡crédulo!

Aviones de reconocimiento
llamarles es garrafal error
pues aunque adquieran conocimiento,
se desconocen en su terror.

La búsqueda y el desescombro
de supervivientes y de muertos
hasta a un ciego causaría asombro,
nublados dejaría a los tuertos.

¡Ay! ¡Cuánto dolor a flor de piel!
¡Au! ¡Cuánta cicatriz impensable!
¡Traedme un sorbo!, ¡ah!, ¡De aguamiel!
¡Guillotina para el responsable!

Almas de todo el pueblo vasco
en nuestra villa van a arrimar
esos hombros que son el peñasco
de la Euzkadi que hay que animar.

Al cementerio poquito a poco
cuerpos sin anima van llegando
que familias alegres o llorando
dicen ahora sí o ahora tampoco.

A las seis menos cuarto, a la tarde,
Durango aún humeante y herido
vuelve a arder porque el cobarde
vuelve a hurgar en lo más querido.

Once bombarderos repartidos,
ocho en Durango, tres en Elorrio,
corazón y alma abatidos
nos dejan con su cruel jolgorio.

Son diez bombas de cien kilogramos
y treinta y seis de cincuenta al kilo
las que allí en Elorrio, digamos,
los corazones dejan en vilo.

Una quincena de ágiles cazas
son la escolta que hace sombra
a aquellas pesadas torcazas
que en nuestros cielos están de sobra.

En esta segunda incursiva
el Durango antiguo padece
a esta bandada agresiva
que apareciendo no compadece.

Pasan por encima de las testas
de las de aquellos del camposanto
que de la muerte traen sus protestas
con vocecillas de sacrosanto.

En el aire sobre el cementerio,
Antso Esteguiz calle abajo
vuelan los aeroplanos bajo
y redundan en el vituperio.

Kalebarria y Goienkalea,
Barrenkalea y Artekalea,
no olvidéis jamás la ralea
de quien vino por Zeharkalea.

Recordad bien, calles de Durango,
el cómo suena el fandango y tango
que volverán quizás atronando
para llevaros de nuevo al fango.

En Durango, nuestro anfiteatro,
del firmamento caen como mazas
de cincuenta, cincuenta y cuatro,
de cien kilos, veintidós bombazas.

Siete mil ochocientos cuarenta
kilos hace en total la carga
que en esta tarde de la afrenta
a nuestro pueblo se le descarga.

Junto a los daños de la metralla
causan espanto, mal y pavura
aquellos cazas que de la raya
se pasaron con su atroz locura.

En los de este Durango linderos
sobre el aire, a ras del suelo
ametrallan a quienes sinceros
se escapaban entonces del cielo.

Por las campas a paso a través,
sin mirar atrás por las huertas
otra vez a encontrar el revés
de las puertas de la muerte abiertas.

Desde la nube el piloto avista
a esas piernas que al galope
el que no pasarán ya revista
lo desconocen como un miope.

Por Landako y por Montorretas,
por San Roque y por Intxaurondo…
en los cazas a las metralletas
los asesinos van en redondo.

Todo el que huía de la villa
tenía que pagar el peaje
que desde arriba esta manadilla
con plumaje imponía y pelaje.

En aquél demoníaco día
más de uno huyendo de la muerte
mira por donde se escondía
hasta en las tumbas. ¡Anda qué fuerte!

De Durango su casco antiguo
en esta pasada de crepúsculo
no sufre un menoscabo exiguo,
sino un estropicio mayúsculo.

Los Ferrocarriles Vascongados
en sus talleres y en su estación
impíamente bombardeados
resultaron en esta acción.

Llega a su ocaso la trama
cometida por los bombarderos
que causan en la villa un drama
aunque lo nieguen los embusteros.

Hay quien pone la mano en el fuego
para decir que sí se gastaron
bombas incendiarias que luego
incineraron y devastaron.

El desconcierto es absoluto,
la desolación inenarrable,
¿por qué emperifollasteis de luto
a nuestro pueblo sin ser culpable?

Como medida de salvaguardia,
para evitar remate nocturno
en Durango a oscuras la guardia
se hace y el dolorido turno.

En la villa sin corriente eléctrica
acostados, pero no dormidos,
durangueses de alma ecléctica
no olvidan estos sin sentidos.

En Bilbao y en Amorebieta
los heridos puestos a recaudo
pasada la primera rabieta
nos aparecen ya con su laudo.

¡Biculpables de asesinato!
Vuestros actos no son disculpables.
¡Daros a ingerir arseniato
merecerías por ser culpables!

Ni siquiera Ochandio se salva
de la cargada de odio barrida
que hacia la tarde, no hacia el alba,
la escuadrilla le mete de arriba.

Dos días más tarde, el dos de abril,
de memoria sabiendo los planos,
nos causan otro estado febril
aparatos y aeroplanos.

Despegan esta vez de Vitoria
los emplumados de hojalata
que nos marean más que una noria,
que a todas horas nos dan la lata.

La doscientos trece escuadrilla
deja en Durango a su siguiente
para ir a la Mañaria chiquilla,
a plantar su explosiva simiente.

Durango era un mar de ruinas
en el que estas máquinas malditas
van a aovar tal que gallinas
en vez de huevos, recias bombitas.

Hacia las cinco, al atardecer,
tres Savoia ochenta y uno
a bombas van a enardecer
nuestro fiel corazón de tribuno.

Las que en este raids numeramos
para que de una vez te des cuenta
diez bombas son de cien kilogramos
y unas treinta y seis de cincuenta.

A pueblos de los alrededores
en busca de la seguridad
muchos de Durango moradores
huyeron ante la inseguridad.

Los que en nuestra villa se afanaban
en encontrar a supervivientes
en su gran mayoría acababan
como los muertos, sin ser vivientes.

Son quienes ayudan en el caos
bomberos, Ertzantza y sanitarios
quienes murieron en los calcaos
bombardeos de abril sanguinarios.

Este día no fue respetado
ni el símbolo de la cruz roja
que ondeante y recatado
el hospital con orgullo aloja.

Seis religiosas y tres sirvientas
desplomadas caen en la clínica
porque aves sin ánima y sangrientas
las bombardean de forma cínica.

Cuando el terror parece pasado,
apenas dos días transcurridos,
Durango vuelve a ser repasado
por las naves en sus recorridos.

El día cuatro de abril sucedía
el que era el quinto bombardeo
que en Durango con osadía
realizaban sin parpadeo.

Tan pronto como callan las bombas
necesarias voces de condena
acusan a quienes a zambombas
Durango rinden de forma obscena.

El Gobierno de Euzkadi acusa
en los rotativos y en las ondas
a quienes sin causa ni excusa
a bombas vienen contra las hondas.

En estos intervalos agónicos
para que den cauce a su congoja
sus letras prestan a los afónicos
el “Euzkadi” y la “Euzkadi Roja”,

Esta noticia de hebdomadario…
encuentra su diminuto hueco
en algún que otro estatal diario
que no se hace del hecho eco.

Las gacetas internacionales
contribuyen a la difusión
de estos actos subirracionales
que merecían redifusión.

Tanto agencias como redacciones
de información de todo el mundo
recibieron de estas acciones
un testimonio visual rotundo.

Tomadas fueron las captalapsos
por las secciones de propaganda
que el Gobierno Vasco a los colapsos
envía porque ordena y manda.

Con parte de estas fotografías
cuartillas, carteles, pasquines…
se editaron por las geografías
que asentían el ¡si serán ruines!

El Gobierno Vasco da a la luz
con las en blanco y negro un folleto
que da color a la contraluz
al descubrir el pastel y secreto

Crónicas, telegramas y cartas…
las cartas ponen sobre la mesa
de estos pasares con tantas faltas
como recuerdos ha la promesa.

Conferencias y comunicados,
charlas y manifiestos no cultos
atestiguo de asaces pecados
son que alguno desearía ocultos.

Es un tema objeto de debate
en parlamentos europeos
este disparate y dislate
del que pronto se verán sus reos.

De Euzkadi el lehendakari primero,
Jose Antonio Aguirre en persona,
a Núremberg va con su empero
por ganar pena a muerte o chirona.

El tribunal no es comprensivo
ni admite a trámite la denuncia
del pueblo vasco que no renuncia
a ver juzgado al desaprensivo.

Tan pronto como se hace presente
el bombardeo de Perogrullo
vienen los sublevados de enfrente
no de frente, sino de chanchullo.

Porque dan rienda suelta a un regüeldo
a la usanza de mal hierbatero
son tergiversadores a sueldo
y adúlteros de lo verdadero.

Hay quien llega a negar lo innegable,
que no es sino el bombardeo en sí,
aun sabiendo que no es negable
que aquí se derramó carmesí.

Culpan a su vez de lo ocurrido
al rojo, anarquista o patriota
que harto está ya como aburrido
de ser tenido por un ilota.

¿Cómo puede acusar el verdugo
a la víctima de ser causante,
si no es porque te cree un tarugo,
si no es porque es malvado y farsante?

Hay quien reconoce el ataque
sólo de objetivos militares,
ocultando que tras el vivaque
superiores los hay malestares.

En algunos se dio en la diana,
otros ni siquiera son el blanco,
de quien vino a la siciliana
y no a lo franco a nuestro flanco.

El colegio de los Jesuitas,
que al batallón Kirikiño alberga
bien parado sale de las cuitas
defecadas de muy mala verga.

A los que fallecen en la iglesia,
una cincuentena, literal,
el enemigo una peripecia
llamará o daño colateral.

Santa Susana al batallón
de Minadores Zapadores
acoge, pero el bermellón
tampoco aquí es de los luchadores.

San Francisco es el escondite
de unos cuantos grupos de combate,
mas mira por donde se repite
el que no sufran siquiera embate.

La iglesia de San Agustín
que era el almacén logístico
ni aun siendo todo un fortín
despierta la atención del balístico.

La plazoletilla del mercado,
usada entonces de paracoches,
indemne sale del altercado,
¿por qué no la ven estos fantoches?

Pegada al puente del Montón
“La hijos de Mendizábal” empresa,
aunque hacia abajo caen un montón,
sale del bombardeo ilesa.

Aunque de un fusil de repetición,
del llamado Máuser, cartuchería
allí tuviere fabricación
no sufre en la superchería.

Al de Mendizábal chaletazo
que al batallón de artillería
amparaba ni un coletazo
le metían. ¿Mala puntería?

“La Ferretera Vizcaína” misma,
que también se paso a los cartuchos,
no verá que le rompan la crisma
los avechuchos, los aguiluchos.

La “Mikeldi” y la “Ortiz de Zarate”,
que hacían bombas de aviación,
que ni un solo rasguño hubieran, ¡cágate!,
disparate es sin alegación.

Tampoco las comunicaciones
aparentan ser el objetivo
de aquellas circunlocuciones
que miserables han de adjetivo.

No es derruido en la jugarreta
por este enemigo alado
el puente del Montón que calado
de Durango separa a Iurreta.

Ni lo es el de la Ferretera
ni sobre el Ibaizabal cualquiera
que a nuestros gudaris hubiera
encerrado como a una fiera.

Recapacite usted y advierta
como con Bilbao y con el frente
al no cortarse sigue abierta
esta vía necesariamente.

El veintiocho de abril de este año
por los gudaris en retirada
la unión por el Montón de antaño
a bombas era periclitada.

Tampoco el puente de Arzubia,
que entrelaza Durango y Matiena,
el pasto era de esta lluvia
que en nuestra villa con fuerza atruena.

En el olvido caen e ignorancia
de quien nos mata o nos aíra
otros puentes de suma importancia,
Santas: María, Ana o Tabira,

Ha de ponerte sobre la pista
que esconde tras el lienzo el cuadro
que no había hogaño autopista
ni la nacional seis, tres, cuatro.

Bombardeando de Sur a Norte
o a la inversa de Norte a Sur
a la comunicación tras corte
le hubieran dicho agur, agur.

Unas pasadas sobre los puentes,
sin olvidarse de los del tren,
hubieran sido de contundentes
como uno de esos ¡por ahí os den!

La BI seis, tres, dos hacia Elorrio,
la BI tres, tres, tres, tres a Matiena
habrían quedado hechas bodrio,
por inútiles darían pena.

La carretera hacia Ochandiano,
la Bilbao seiscientos veintitrés,
objetivo del aeroplano
debería haber sido, ¿o no ves?

Desde Tabira Kalea hasta
el final de Fray Juan de Zumárraga
con una sola carrera basta
para que Otxandio vaya hacer gárgara.

¿Cuál era entonces el objetivo
de esta locura despiadada
si no matar al que estaba vivo
sin vergüenza, a la descarada?

¿Convencer de que iba de veras,
que no era para nada una trola,
el arrasaré que de boca oyeras
a Bizkaya del General Mola?

Matar, matar, matar y matar
a un enemigo que debiere
morir luchando o acatar
el objetivo es que yo viere.

Poner de rodillas a Durango
para poner en pie a un tirano
de los de durando y durando
antes que temprano yo anciano.

Hay también abundante empeñado
en atenuar y descontar
el cuántos muertos, cuánto dañado,
que con permiso paso a contar.

El balance es aterrador
de esta obra de sumas erratas
que tiene más de un falseador,
que tiene más de un papanatas.

Aun a costa de los borrapistas,
aun a pesar de los quitahuellas,
con aires numeramos papistas
y aireamos nuestras querellas.

En las apresuradas batidas
que mandan Durango al carajo
setenta y un casas abatidas
resultan de arriba abajo.

Cinco edificios o inmuebles
mantienen a la gente en vilo
por sus poses delebles y endebles,
por su puro pender de un hilo.

Realizadas en locas pasadas,

con cisuras, fisuras, fracturas…
aparecen en sus estructuras:
doscientas veintinueve moradas.

Tres iglesias se vienen al suelo
por esta granizada estallante
que no se detiene ante el duelo
y que amenaza desafiante.

La iglesia de los Jesuitas,
Santa María y Santa Susana
como unas florecitas marchitas
quedaban en la verde sabana.

La piadosísima residencia
de los padres jesuitas píos
sentirá en si toda la demencia
de estas aves que le hacen píos.

Diez edificios municipales
son alcanzados en su esqueleto
por estas boñigas capitales
que los ponen en serio aprieto.

Dos conventos con santo y santa,
Santa Susana y San Francisco,
quedan por la llovizna que espanta
con una contractura de disco.

Por una mataciviles inhóspita
que la golpea como un badajo
la cruz de Kurutziaga insólita
resulta arrancada de cuajo.

Hasta el Batzoki Tabiratarra
va a sentir toda la crudeza
de una a ojo arrojada chatarra
y sin arrugarse y con crudeza.

Trescientos veintiún edificios,
no lo tomes como una hipérbole,
el balance es sin beneficios
que al pueblo de Durango exacérbole.

Desconozco el número de heridos
en estas jornadas que dejan
trescientos treinta y seis queridos
que para siempre se nos alejan.

Y aunque importe si son más o menos,
habrá quien dirá que este engaña,
mas digo a propios y a ajenos
que ni uno de ellos valía España.

¡Ni uno! y pues fue a la fuerza su adiós
en razón cual justicia verdad
se merecen, también ir con dios
y a la par descansar bien en paz.

Germán Zorroaquín

Mil ochocientos ochenta y seis
el año es en que llegaba al mundo
Germán Zorroaquín y entenderéis
quién fuere aunque no fuere oriundo.

Que en Begoña y de padre fotógrafo
antinatural hubiera sido
que hubiese salido geógrafo
y no fotógrafo el bien nacido.

De Mauricio que a Sabino Arana
fotografiara, de su padre
de este arte cuanta cosa arcana
apréndela y se sale de madre.

Sabino en la cárcel o sentado
o engalanado para su entierro
por Mauricio, el padre, retratado
quedaba y esto es madera y hierro.

Tal que así en el estudio paterno
Germán el aprendiz el oficio
de eternizar la imagen, ¡qué tierno!,
lo mamaba y sólo es el inicio.

A sus dieciocho le encomienda
Mauricio a Germán un reportaje
para que así a pie de calle aprenda
lo que el estudio no da: el paraje…

De esta forma a rellenar el fondo
de las tomas con la luz de oriente…
que a fondo si pregunta respondo
se habitúa Germán el urente.

A más del amor a lo visual
o a las imágenes, por sus venas
la sangre corría y no es casual
nacionalista de las más buenas.

En Bilbao de la Juventud Vasca
Germán Zorroaquín de adolescente
de vocal, de vocal va y se embarca
consciente como su antecedente.

Del club “Mendigoizale Bazkuna”
sería fotógrafo oficial
Germán que no tomaría ni una
fotografía superficial.

El año mil novecientos nueve
Germán se llevaría de calle
de fotos un concurso en que debe
lo vasco retratar. ¡Qué avasalle!

Por el circulo de Estudios Vascos
organizado ¡cómo no el tema!
sobre vascos, que si no qué fiascos,
versaba, versará por sistema.

Así transcurriría la vida
de Germán hasta que el maridaje
contraído marque su salida
de Bilbao a Durango. ¡Qué viaje!

Quería desplegar sus alones
sin lastimar al aletear
el prestigio del padre y galones
ganadillos sin alardear.

Por ello no sería y con juicio
Bilbao, sino Durango el lugar
para abrir, y esquinazo al perjuicio,
de fotos un estudio sin par.

A pesar de que ya en nuestra villa
Mateo Mancisidor hiciere
de fotógrafo, clientelilla
Germán se la ganaría en breve.

Así en mil novecientos catorce
con dos localones fotográficos
mi urbe contará y un gran orbe
es ganado por seres titánicos.

Con la vivienda en el Olmedal
y su laboratorio en Ermodo
Germán acelerará el pedal
de las fotos, ¡cómo no a su modo!

En el doce y el cincuenta y seis
si buscareis respectivamente
hallaréis, hallaréis, hallaréis
lo que dije sugestivamente.

Con foquitos y con camarotas,
acá trípodes y allá unas ropas,
su taller de fotos, compatriotas,
montará como diciendo: ¡Europas!

Con cuentagotas, a cuentagotas
y constancia dejará constancia
de unas épocas que aun remotas
las palpo, pálpolas sin distancia.

Tras traer otra criaturilla
enviuda y se volverá a casar
Germán que para tu culturilla
de la tercera no va a pasar.

Tras tener pues estos tres bebés
renovará su estudio reciente
en mil novecientos veintitrés
Germán dejándolo reluciente.

Con una seccioncita de óptica
decidiría ensanchar las miras
del local quién seguirá la crónica
visual de este Durango que admiras.

A su estudio por celebraciones
de bodas, comuniones, bautizos…
pasarán varias generaciones
de vascones y no tan castizos.

En estas instantáneas atrapa
los peinados y las vestimentas
de las gentes que en aquella etapa
son sus clientes, son sus clientas.

Al igual que ejercía el oficio
fotográfico al aficionado
al venderle el material, ¡novicio!,
le aconsejaba, ¡sé apasionado!

Germán al de unos años edita
con fotografías de la villa
la tira de postales que incita
a escribir en prosita o trovilla.

Panorámicas y monumentos
y rincones que jamás se olvidan
en las tales y sus sentimientos
aparecen y recobran vida.

Una vez ya en la burda contienda
que de civil tenía bien poco
sufriría en su local o tienda
a cuánto caco, a cuánto coco.

A la par sería el escogido
Germán para fotografiar
el bombardeo que a Otxandio herido
va a dejar. Y esto es desafiar.

Así de este veintidós de julio
de mil novecientos treinta y seis
del enorme destrozo y magullo
dará atestiguo el que aquí tenéis.

Pena, lástima, dolor y rabia
que “todo” su trabajo anterior
a la guerra porque a alguien agravia
se perdiera. ¡Conozco este olor!

Familiar porque con nuestras pruebas
lo increíble y más rocambolesco
sucede, pasa y como te atrevas...
¡ha muerto un vivo! dirá un burlesco.

Cuando aún no había caído en manos
Durango de los autoritarios
gudaris y también milicianos
fotografía muy libertarios.

También de brutales zambombazos
que en marcillo y abril padeciera
Durango lograran sus ojos
conservar lo que allá “pereciera”.

En estos tiempos de sombra umbrosa,
de brazo al frente y de cara al sol
al carajo, a la cuneta, a la fosa…
a muchos mandaran. ¡Qué español!

Y Germán por allí disparando
su cámara a matar tal si nada
para guardar, ¡oh sí!, el memorando
del marraneo y la marranada.

Y visto lo visto el grato logro
a más de tomar es conservar
intactas las tomadas que el ogro
con las mismas querrá acabar.

Ante el pillaje y saqueo el quito
Germán decidirá trasladar
a Zumalakarregi ¡eta kitto!
el estudio. ¡Que hay que resguardar!

En la esquina de Ezkurdi, en el Centro
que fuere antaño Republicano
se instalaba y guardaba muy dentro
el arcano, el arcanote, el arcano.

Por allí requetés, falangistas…
tal ganadores, ¡mas perdedores!,
con caras de fascistas, fascistas
posaran porque son dictadores.

Es el Durango más rojo y gualdo,
el más acanallado y manchado
de sangre y con valiente respaldo
por Germán es fotografiado.

Es el Durango de banderolas
en los mástiles y en los balcones,
¡Dios Santo!¡Santo Dios!, españolas
el que toma, !invencibles vascones!

Es el Durango de los desfiles
fascistas con fusiles al hombro
el que capta, ¡y se creerán viriles!,
el Germán Zorroaquín que te nombro.

Es el Durango de los carteles
a Franco, a Franquito alusivos
pegados por gentes de cuarteles
en paredes. ¡Pero qué abusivos!

Es el Durango de las misazas
con soldaduchos, con soldaduchos
de celebrantes que imponen trazas
españolas a bala y cartuchos.

Es el Durango de los chivatos
y los acusicas vengativos
el que Germán en sus arrebatos
congelaría en los negativos.

Al de unos años por vez segunda
Zorroaquín publicará postales
del villón, de la villa fecunda
en puntales, puntales, puntales.

En los pueblecitos circundantes
previo pago o sin él ofrecía
sus servicios Germán que abundantes
trabajos sin jornal se impondría.

Casi en mil novecientos cincuenta,
en el cuarenta y nueve abriría
una tienda que mejor se asienta
que sus propietarios quizás diría.

Y es que como la que Foto Pepe
iniciara este año su andadura
tal Foto Sol, y si no discrepe,
acababa y aún sigue a su altura.

Del Gerniqués que abriera sus puertas
pasaría a uno de mi villa,
que si mal no me salen las cuentas,
Alfonso, se llama, Soldevilla.

Posteriormente son los hermanos
Angoitia quienes van a tomar
el relevo en el juego de manos
que es el revelo tras el tomar.

En la década de los sesenta,
el sesenta y dos Germán perdía
la vida y en fotografías cuenta
nuestra historia que te pone al día.

Para él o para los del gremio
sin incordio y sin azoramiento
a que realice una estatua apremio
al ilustrísimo Ayuntamiento.

Sería un par de sus tres hijos,
Germán y también María Begoña,
quien sacaría, ¡qué regocijos!,
el negocio adelante, no es coña.

Así fue hasta que el mil novecientos
ochenta y tres como un diafragma
se cerraba y pondré los acentos
en otro magma, en otro magma.

Y es que los negativos y placas
de Germán tras cerrarse la tienda
allá quedaron y son las tracas
finales de esta historia y atienda.

Quien comprara el local encontraba
allí mismo, y menuda sorpresa,
el material que pronto engrosaba
un archivo. ¡Qué excelente presa!

El de la asociación Gerediaga,
que de lo antiguo y las antiguallas
al hacer de custodio propaga
el patrio amor. Y esto son agallas.

Del Ederrori a la Cultural

Hasta la llegada a nuestra villa
del juego inglés del balompié
el ocio del mocillo y mocilla
otro sería del puntapié.

La ya apuntada pelota vasca,
la palanca o subir a Urkiola
jugando en la apuesta la pasta
pasaron de la cima a la cola.

En Arzubia o Arripausuetas,
las presas codiciadas antaño,
hacían los niños piruetas
en la pesca como en el baño.

El llegar corriendo o andando
a los más cotidianos rincones
pasatiempos son que van pasando
a la historia y a sus arcones.

Todo debido a la internación
en nuestras calles y en nuestras campas
de un deporte que fascinación
generara como mil estampas.

Por la ría del férreo Bilbao
se colaba como por la escuadra
el juego del chut a gol, ¡bacalao!
¡bacalao! ¡bacalao! que taladra.

Al par que inicia el veinte aparece
un equipo que hasta hoy día
como Athletic de Bilbao merece
la nombradía por su osadía.

Diez años más tarde en Carnavales
en nuestra villa se disfrazaron
de futbolistas unos chavales
que musicaron y musicaron.

Con sus guitarras, flautas, violines...
cantaron animando las calles
unas estrofas que los listines
compusieron como un pasacalles.

Los adalides de esta charanga,
de los Cuadrado: Pascual y Santos,
abrigaron la no morondanga
idea que cantare en cantos.

¡Con los mozos de nuestra comparsa
formaremos el primer equipo
de fútbol que a Durango, y no es farsa,
¡le quitará, le quitará el hipo!

A estos garridos chavalones,
cuyos nombres dejaré en suspenso,
aplaudiréis, si sus patadones
encontraran el ¡Gol! por asenso.

¡En este mil novecientos doce
damos fe de que el “Ederrori”
se llamará el once que goce
de ser en la villa a priori!

De fútbol contará dos terrenos:
el de Ezkurdioste y el frontón,
que temprano verán los estrenos
de estos magos con el pelotón.

¡En aquél con claridad del día,
en este con la artificial
luz jugaremos, señoría,
de las farolas del Olmedal!

¡Linda el de Ezkurdioste con huerta
en la que si va a parar el balón,
dos realillos o si no puerta
exige el del Lapiko al pelón!

De este tándem su portería
era igual que un colador
porque un “tuerto” la defendía,
Pascual Cuadrado el fundador.

De guardameta o de salvamallas
cambiaba el Ederrori local
logrando con sobradas agallas
las victorias en aquel campal.

De listas blanquiazules lucía
el Ederrori las camisolas
que al contemplarlas uno decía:
¡Tan famosas como ellas solas!

El enfado de un cuadrillero
al no jugar en el Ederrori
a más de vecinal cacareo,
precioso trajo a posteriori.

Pablo Guerricabeitia sería
quien al sentirse escarnecido
a la villa el segundo traería,
bloque futbolístico, ¿oído?

Tomando como nombre el topónimo,
de la esmeraldilla “Tavira”
su equipin sería el “antónimo”
del Ederrori que a gol ya tira.

Después los oficiantes pintores
formarían la tercera escuadra
de futbolistas que, espectadores,
en la villa Durango se encuadra.

El “Arrastraka” en sus camisetas
los colorines blanco y azul
en dos mitades, ¡qué historietas!,
llevaba como en un baúl.

“Danok Bat” es el “endecasílabo”
de futbolistas que en los maristas
surge para entonar el monosílabo:
¡Gol, Gol, Gol, Gol... de los localistas!

Un par de hermanos albañiles
al “Anboto Mendi” darán forma
demostrando a miles, a miles
que eran duros como una horma.

Del círculo tradicionalista
una alineación llamada
“Margarita” se apuntaba a la lista
del fútbol que tenía ya hinchada.

En el mil novecientos catorce,
ocurrió en la hierba futbolística
que dos rivales de este deporte
noticiaban cosa periodística.

El Ederrori y el Tavira
al disolverse aquellos conjuntos
se miraron, se dijeron: ¡Tira!,
¿por qué no si caminamos juntos?

Ostentaremos tal caballeros
que parten del frente a los flancos
del Ederrori, mis futboleros,
la indumentaria y calzones blancos.

Como “Club Deportivo Tavira”
nos llamaremos en adelante,
sin caer al perder en la ira,
sin volverse al ganar arrogante.

Con las medidas reglamentarias
en Tabira, en sus inmediaciones,
hagamos de esas tierras agrarias
campo de fútbol sin dilaciones.

Cuando todo estaba preparado,
listo para el partido inicial
lástima no fuera inaugurado
al menos con partido oficial.

Por este motivo jugaría
en Ezkurdioste sus compromisos
esta agrupación que ganaría
estima y fama con sus permisos.

Gol a Gol y partido a partido
el fútbol se va abriendo camino
en corazones en los que ha ardido
con mucho atino, con mucho atino.

En ciertos sectores, no obstante,
el recelo y la desconfianza
reinan en el ambiente flotante
contra el fútbol que esta de pujanza.

Los Jesuitas están alarmados,
se arenga desde Santa Ana
contra los nuevos dioses amados
por el pueblo que prueba manzana.

Mas estos maldecires primeros
serían subsanados con creces
por estos protectores del Eros
y de ustedes también, feligreses.

Nacen equipos en sus colegios,
los sacerdotes bendicen campos…
demostrando que es de egregios
ir contra equivocados bandos.

Junto al fútbol un nuevo aparato
el cinematógrafo, señores,
asombra y gusta para rato
a pobladoras y a pobladores.

Un saloncillo en la Residencia
acoge al primer proyector
de imágenes que a la asistencia
cautivará como el monitor.

Al mismo tiempo en el Olmedal
al aire libre se harían pases
de películas que al local
le gustarían como las paces.

El cine-teatro que sabréis
diera entrada al chico y la chica
en mil novecientos dieciséis
en este mismo lugar se ubica.

Dónde hoy el Palacio de Justicia,
situado en la planta baja
el cine Tavira con pericia
por fotogramas hacía caja.

De nuevo es la voz de la iglesia
alzada para arremeter
contra esta reciente anestesia
que alejara al fiel del deber.

Por ensayo y error aprende
como el científico el religioso
que más allá del fallo entiende
que enderezar es lo misterioso.

Pasados unos ocho añillos,
por las congregaciones marianas
el cine en su sede corrillos
despierta de ilusiones humanas.

Quien gobierna la Congregación
en la villa estaba avisado:
¡Antes de emitir el guión
espero lo sea revisado!

De este modo la “mala acción”…
de antemano era caducada
para evitar la distracción
del alma que se quiere educada.

Dos años de éstos, de aquellos diez,
sus puertas abriría el “Zugaza”
sin cerrarlas hasta hoy y ved
que al film no le dio calabaza.

Pasado el tiempo otras dos salas
para el llamado séptimo arte
vestidas con sus lucidas galas
aparecían por esta parte.

Uno se llamaba el “Kurutziaga”,
el otro como el genio “Astarloa”,
allí dilapidaba la paga
quien hacia allá ponía la proa.

Con sesiones, sesiones, sesiones,
con rollos, rollillos, rollitines
cautivarían sin concesiones
a mayores como a chiquilines.

Y es que en aquellas temporadas
esta magia llamada el cine
en Durango y en las “vascongadas”
sería, amigos, un alucine.

No más que unos añicos antes,
en mil novecientos diecinueve,
a pesar de contar con purgantes,
la gripe se pondrá de relieve.

En Bizkaya y también en la villa
esta enfermedad contagiosa
a unos les llevó a la camilla,
para otros reservó la fosa.

Una vez la gripe superada,
el mismo año de la epidemia
una gorda estaba preparada
en el mundo del ¡Gol! y blasfemia.

En Durango una Sociedad,
la “Cultu”, Cultural Deportiva
se presentaba en sociedad
ante el nativo como nativa.

Emilio Baqué de presidente
y algunos socios fundadores
tiraban de la cuenta corriente
apurándola tal fumadores.

Patrocinaron no solamente
en conciliábulos con tentempié
el juego que gustara a la gente,
el jueguecito del balompié.

Promocionarían asimismo,
sin prestar atención a importes,
Gimnasia, Boxeo, Atletismo,
Montañismo y otros deportes.

Poniéndose manos a la obra
revuelven Islandia con Finlandia
para alquilar en la maniobra
un campal en la zona de Arandia.

La campa convertida en campo
para el fútbol Ertzimingogane
se llamaba y para ella estampo:
¡Que allá no se vio quién nos gane!

Este terreno para el vacuno
con sus medidas reglamentarias
en mil novecientos veintiuno
se inauguraba tras las plegarias.

A la Pilastra al estar cercano
el terrenito de chut a gol
quedaba de la villa a desmano,
se ponía por allá el sol.

Era un campo de tierra arcillosa
sin ningún sistema de drenaje
cual pisare de forma airosa
aquel once con su mejor traje.

Con su blanquiazul a dos mitades
camisa a los a rivales respeto
infundía al jugar, ¡santidades!,
o si no les ponía en aprieto.

Al de un año, no más, el equipo
tras federarse en la serie B
en partidos oficiales el tipo
muestra ante la afición que lo ve.

En mil novecientos veinticuatro,
decide la junta directiva
alquilar por un pico y cuatro
un nuevo campo con iniciativa.

En el barrio llamado San Fausto
los terruños de una casería
a mil quinientas pelas exhausto
dejaban al de la tesorería.

El caserío San Fausto-bide
por una década transfería
el suelo que la Cultu le pide,
la gleba que la Cultu quería.

Tomando a San Mamés por modelo,
en San Fausto de igual medida
una cancha que causó revuelo
de la Cultu sería guarida.

Con su pista de atletismo entorno
y canchita de tenis al sur
a las gentes de nuestro contorno
atraía como buen tahúr.

Al Norte un probadero de bueyes
despertaba en alguna ocasión
la atención de los que llevan fuelles
al campo, ante usted la afición.

Desde su tribuna de madera
las gargantas de nuestra hinchada
animaban hasta la ronquera
a la Cultu sin soltar chanchada.

Y a Dios gracias este mismo año
casi a la par se inauguraría
en Jesu, tras algún que otro apaño,
otro campo, te lo juraría.

Al finalizar la temporada,
en San Fausto y en los Jesuitas
tenía lugar la alborada
de los torneos, no son chiquitas.

A lo sumo un par de federados
las formaciones participantes
podían tener alineados
para batir a los contrincantes.

De vuelta a la liguita oficial
con gran empeño como conato
la Cultu por su buen potencial
de calle se llevó el campeonato.

De segunda B a segunda A,
no obstante, no promocionaría
porque el férreo Baracaldo va
a malograrlo, ¡Santa María!.

Tras varias temporadas sin dicha,
en la treinta y uno-treinta y dos
un jugador de la Cultu ficha
por el Athletic de Bilbao, ¡vos!

Por vez primera en la historia
un durangués de la cultural
se vestía palpando la gloria
de rojiblanco en la Catedral.

En este tiempo en que el futbolista
entrenaba sin entrenador
era proeza digna de artista
la lograda por el jugador.

Su nombre omito por respeto
a otros que en el anonimato
obligado a dejar por escueto
me veré, ¡cúlpenle al formato!

Esto que en el papel queda dicho
entiéndanlo, ¡por Dios!, los demás,
que los versos aun cuando han capricho
el repetirlo no está de más.

Este año se oficializa
ese intento que son las quinielas
de acertar de quién pugna y liza
el resultado y ganar las pelas.

Tras unos años en dique seco
en cuanto a títulos se refiere
el Eterno para la Cultu eco
el treinta y cinco-treinta seis quiere.

En la segunda categoría
al quedar campeón el ascenso
la Cultural con veteranía
jugaría, ¡verdadero asenso!

A pesar del empeño no asciende
llenándolos de desilusión
nuestra escuadra que solo entiende
de dejarse la piel e ilusión.

Con la guerraza civil ya encima
de primera línea a retaguardia
pasaba el balompié pues el clima
animaba a mantenerse en guardia.

En mil novecientos treinta y siete,
tras el bombardeo de la villa
nos meterían un buen paquete
los autores de esta deshonrilla.

El veintiocho de abril sucede
la ocupación por los nacionales
de nuestro pueblo que sólo cede
ante estas armas tan infernales.

Una vez el municipio en mano
de nacionales, los italianos
toman por posición en el plano
el campo de San Fausto, ¡qué arcanos!

Cañones, morteros y obuses
en el terreno arman de San Fausto
pa disparar y esto son abuses,
pa exterminar y esto es holocausto.

Para hacer frente a la resistencia
de los gudaris allá en los montes
los italianos con insistencia
los buscaban como polizontes.

Por el Mugarra y Santa Lucía…
las explosiones y la metralla
originaban una sangría
de los nuestros dignos de medalla.

Gudaris que hasta la hora final
por Euzkadi aguantasteis el tipo,
escuchad vuestra lucha banal
no lo fue que esto es un equipo.

Con el paso de los a matares
pide a gritos su reparación
el campazo tras los avatares
padecidos en la operación.

La cancha, tribuna y porterías…
tras variados reparos y apaños
de estar peor que las porquerías
renovadas quedan de sus daños.

En plena guerra es la reapertura
del terreno para el balón
con encuentro en San Fausto de altura,
la Cultural contra el Mondragón.

El año treinta y nueve-cuarenta,
la Cultu campeón de segunda
quedaría y pondría contenta
a la afición que ya le secunda.

Así asciende de categoría
pasando a militar en primera…
el equipo que se integraría
en aquella de buena manera.

Al de un año, el cuarenta y uno,
por el quince creo de febrero
un ventarrón con soplo zorruno
azotaba al Durango de acero.

Dejaría a su paso echados
el vendavalón que obrara costes:
tejavanas, chabolas, techados,
arbolazos, señales y postes.

La tribuna del campo de juego
de San Fausto por la ventolera
volaba por los aires y luego
la encontraban en la otra acera.

La gradería de chatarrera
quedaba rota o hecha una pena
a la izquierda de la carretera
que va desde Durango a Matiena.

En el jardín de los Aranaga
la tribuna o mejor su amasijo
por un viento cortante tal daga
encontraba al final “escondrijo”.

El cuarenta y tres-cuarenta y cuatro
líder de primera regional
con sones digo de anfiteatro:
¡Quién lo fue si no la Cultural!

Tras jugar por ascenso liguilla
demostraría ser el mejor
la Cultural y saltaría la villa,
de alegría, pregunte al prior.

Al año siguiente descendía
de la Nacional a Regional
el equipazo que día a día
jugueteaba fenomenal.

Sin saborear la amargura
que ocasiona el cosechar derrota
la cultural genio y figura
temporada haría de nota.

De imbatible que no de imbatida
presumiría esta temporada
la en todo terrenal debatida
Cultural en su horilla dorada.

Promoción la Cultural jugaba
calentando motores runrún
y mira por dónde sojuzgaba
a la Real Unión de Irún.

Subía a Tercera División
de categoría Nacional
quién pediría una revisión
de su salario, ¡sensacional!

La afición y la banda de música
en el paseo del Olmedal
recibirían de forma acústica
a quien traía en sien lauredal.

Cuarenta y siete-cuarenta y ocho
es la temporada en que el escándalo
se ceba con la Cultu y qué chocho,
¡perdón!, va y montaba un vándalo.

Tras salvarse en la permanencia
la Cultural con cierta holgura,
una decisión, ¡qué pestilencia!,
la bajaba como a la basura.

¡Mal la Federación Española!
al estimar que la prioridad,
era de otros y cuánta bola
hay que aguantar y barbaridad.

Tal que ves los equipos “históricos”
también los capital de provincia
se salvaban y seremos ahistóricos
o es que siempre nos toca la pifia.

El descenso injustificable
es un ejemplo de lo que ocurre
por el hacer incalificable
de España en Euzkadi y ya aburre.

La injusticia acarreaba
malestar, malestar, malestar
en la villa porque la arreaba
España. ¡Despertad! ¡Despertad!

Se notó en el terreno y las gradas
de juego y de afición un bajón
por estas que clavan entradas
en la espinilla y el corazón.

Que no argumenten ser metedura
de patota que es de patetas
la obra, ¡pero qué caradura!,
que a la Cultu mandó a las “casetas”.

Que no arguyan ser resbalón
que es este uno de esos partidillos
que en despachos sin ver balón
nos los pierden, ¡pero qué pardillos!.

No jugarían así en mi cuna
por mala magia como mal arte
ni el Zaragoza ni el Osasuna,
mas si el Guecho o el Apurtuarte.

Coleteando como un escualo,
resoplando como un cachalote,
aun hundidos tras el varapalo,
nuestra Cultural salía a “flote”.

Así dos equipotes filiales
ayudan a mantener la llama
al formarse, mas sus iniciales
las callo, mas diré si reclama.

Son el Club Deportivo Iurreta
y el Club de Fútbol Tavira quienes
el cuarenta y nueve tras la treta
empujaron por Dios como trenes.

El mismo año era inaugurado
en Tabira un magnífico campo
en que la Cultu ante el jurado
decía al oponente: ¡Te zampo!

Con ciento cinco metros de largo
y justo sesenta y cinco de ancho
calcado a la Catedral el encargo
salía y menudo era el gancho.

Athletic de Bilbao-Cultural
sería el encuentro inaugural
del campo que tuviere la usual
Santanera bendición cural.