jueves, 20 de octubre de 2011

Martxoak 31

Tristes momentos tiene la vida
en los que hay que tomar postura
entre dos partes que ni en pintura
con la otra pueden tener cabida.

La República del treinta y uno
iba a sufrir el alzamiento
injusto a más de inoportuno,
doloroso a más de sangriento.

Frente a frente derecha e izquierda,
aquí Lenin, allá ¿“Jesucristo”?,
al mandar la moral a la mierda
de tres pares montarán un cristo.

A un lado están los monárquicos,
el capital, la cruz y el ejército
que a comunistas, sociatas y anárquicos…
ni siquiera los quieren de séquito.

Es el fascismo y la tiranía,
la España negra de color noche
quién con violenta epifanía
de vidas causará un derroche.

Es la fuerza contra la razón,
el viva la muerte, el no a la vida,
la causante de la sinrazón,
la cobarde, la no atrevida.

Es la España una, grande y libre,
el Estado-Nación sin nociones,
quien armas toma de gran calibre
para avasalle de las naciones.

Es la guerra civil española
una guerra internacional
en Euzkadi que defiende sola
su soberanía nacional.

Aquí a ambos lados más de lo mismo
y entre ellos aparece el estro
de los de siempre, el nacionalismo,
luchando por lo que es nuestro.

Aquí no solamente se lucha
por la Euskadi que es posible
porque hay quien lo hace y escucha
por la Euzkadi que no es imposible.

Aquí es lo español contra lo vasco,
el castellano contra el euskera,
el meollo de este chubasco
que hacia dentro viene de fuera.

Aquí queremos el Estatuto,
que ni derechas ni izquierdas quieren
en realidad en absoluto
que nuestros ojos por fin lo vieren.

Porque queremos la independencia
con el corazón y la chaveta
decimos a toda inteligencia
que el Estatuto no es nuestra meta.

Aquí se lucha por que persista
el primerizo Gobierno Vasco
que tiene quien le causa atasco,
que resiste aunque se le resista.

Por el Lehendakari aquí se lucha
porque en el vemos simbolizada,
ya sea poca, ya sea mucha,
nuestra voluntad al viento izada.

Aquí se lucha por una forma
de entender y hacer la política
porque en ella no se deforma
nuestra voluntad legendaria y mítica.

Aquí se lucha por nuestros fueros,
por aquellos usos y costumbres
más auténticos y verdaderos
que cualquier norma o ley que vislumbres.

Aquí se lucha por nuestras Juntas
con apellido de Generales
porque en ellas como bien barruntas
las voluntades son ancestrales.

Aquí se lucha por la historia
con sangre escrita de antepasados
que frescos están en la memoria
por hombradas y acciones de osados.

Aquí se lucha por nuestra etnia
que tiene propia lengua y cultura
y que es virgen como una gardenia
que no es blancuzca, más bien, albura.

Aquí se lucha por las Libertades
que patrióticos vascos conscientes
obedeciendo a sus lealtades
con uñas defendieron y dientes.

Aquí se lucha por nuestra Patria,
por Euzkadi que es nuestra Nación,
que no necesita a quien la expatria,
que quiere su determinación.

Aquí lucha contra Euzkadi España
que pretende hacer sinalefa
entre aquella con esta extraña
que de Euzkadi se cree la jefa.

Resuelven Guipúzcoa y Bizkaya,
al contrario que sus ¿dos? hermanas,
por la República echarle agalla,
no por motivaciones hispanas.

Por esta circunstancia el frente
así de piano, así de piano
a situarse va de repente
entre Otxandiano y Legutiano,

Un veintidós de julio fatídico,
en mil novecientos treinta y seis,
ocurría el pasaje verídico
que en estas estrofas veréis.

Sin parar en que es improcedente
su acto sanguinario y sandio,
de Vitoria un avión procedente
bombardea el pueblo de Otxandio.

Celebraba Otxandio los festejos
conocidos por la Santa Maña
cuando le echaban por España
bombazas varias que no los tejos.

En la plazuela de Andikona
de esta atractiva localidad
mucha pero que mucha persona
fallece en la amoralidad.

Cuarenta y tres víctimas mortales,
treinta y nueve de ellos civiles,
las cantidades son anormales
que manejan los correveidiles.

Un acaudalado derechista
de los Lezama-Legizamon
sin revelar ni mista ni chista
se cree que paga el avión mamón.

Cuando una medida alarmista
trata de evitar el contratiempo
Durango era por este tiempo
mayoritariamente carlista.

Los requetés carlistas que entrenan
entre la fauna y flora de Urkiola
batería de armas estrenan
que el Alcalde de Durango diola.

Allí esperaban el alzamiento
como los carroñeros al muerto
para gritar al aire y al viento:
Señores, la República ha muerto.

Ante tamaña conspiración
unos valientes de forma pública
separan de la corporación
a los contrarios a la República.

Son al instante destituidos
junto al alcalde una decena,
igualmente que sustituidos
por concejales de moral llena.

Con diez Jeltzales por regidores
y seis ediles republicanos
el Ayuntamiento, mis oidores,
se apresta para tiempos secanos.

Entre el mes de agosto y septiembre
el Comité de Defensa apresa
a quienes quieren ver para siempre
a aquella República presa.

Detenidas son, aunque no todas
en celdas acaben carcelarias,
en torno a unas cien personas
ya participes, ya partidarias.

Será el veinticinco de septiembre
de mil novecientos treinta y seis
el día en que el enemigo siembre
Durango de bombas, ¡entendéis?

A las once horas mañaneras
una de aeroplanos cuadrilla
a las claras de malas maneras
sus intenciones muestra en la villa.

Impacta uno de los proyectiles,
consiguiendo que Ezkurdi vibre,
en el frontón que al aire libre
no ha visto derechazos tan viles.

Por las bombas que otros tulleron
una docena de milicianos
como cayó Guipúzcoa cayeron
muertos jóvenes que no ancianos.

Ni un solo durangués por fortuna
estira la pata en la acción
en la que hay más de veintiuna
con desgarraduras de mención.

De milicianos pequeña turba
sedienta de sangre y venganza
la calma de la cárcel perturba
con una acometida a ultranza.

Con gentes de cebra abarrotada,
sita en la calle de Ermodo,
ve la enceldada y embarrotada
como la irrumpen de rudo modo.

Son sacados a regañadientes
unos veintidós pro sublevados
que ahogados en aguardientes
preferían a ser fusilados.

Ocúrreles por partida doble
en el mismo paraje, no yerro,
bajo el son de un balado redoble
de esta vida el destierro y entierro.

En el camposanto de la villa
bien atados de pies y de manos
la mortal fogosa rafaguilla
no la ven porque están vendados.

En mil novecientos treinta y siete,
en un serio consejo de guerra
el tribunal sentencia, y no yerra,
de Durando a otros cuarenta y siete.

Son imputados por rebelión
y a algunos se les condena
a estar años en el pabellón,
a otros a la capital pena.

Este mismo año, el treinta y siete,
el día treinta y uno de marzo
no es un dime ni un direte
que a Durango menean el zarzo.

Apenas unos diez días antes
realiza Franco la maldición
sobre el Norte con gestos tirantes
y presagiando su rendición.

El amoral Mola ya decía
que iba a arrasar Bizkaya
y aunque ya se le contradecía
sus ojos no la vieron vasalla.

Por decirlo en un decasílabo
Durango, Gernika y Bilbao…
en lo que dura un tiempo trisílabo
sabrán sí lo que es ser silbao.

La sobre Bizkaya ofensiva
un tal Juan Vigón aboceta,
al que esta versería inventiva
¿abofetea o abofeta?

El de este Coronel bosquejo,
esté bienhecho o esté hecho mal,
lo retoca el pasar sin más quejo
por entrecejo de un alemán.

Es el Doctor Wolfram von Richthofen,
Teniente Coronel hitleriano,
quien logra que sus ideas gocen
de apoyo entre el mando tirano.

Francisco Franco y Emilio Mola,
el Velani y el Hugo Sperrle
sus síes, no sis, ¡qué carambola!,
al plan de ataque van a otorgarle.

Los dos últimos son extranjeros,
aquel par además españoles,
si les cantan en Espana goles,
que escuchen en Euzkadi peros.

Aquel Velani es el Comandante
de la Aviazione Legionaria
con que a la España de mal talante
ayuda la embotadilla Italia.

Hugo Sperrle es el equivalente
en la Legión Cóndor del latino
con que Alemania la repelente
colaboraba con el mal mezquino.

Como esta España alimaña
por sí misma nada es sin la ayuda
de Italia como de Alemania
a las mismas se verá que acuda.

Y este par de potencias tiránicas
como precisan de un campo de pruebas
lo encontrarán en tierras ¿hispánicas?
con pocas trabas, con muchas levas.

Así lo en Durango acontecido
como la sintonía inicial
a lo mejor se te haya ocurrido
de la Segunda Guerra Mundial.

En Durango Alemania aprende,
pero es una mano italiana
la que va y desde lo alto prende
una chispa que viene a ser llama.

Así la Germania es la cabeza
como Italia el brazo ejecutor
de esta obra que es una torpeza
con autor, con autor, con autor.

España es la culpable máxime
de este crimen contra nuestra gente
causado por un alma inánime
con un ansia de poder urgente.

Pasemos pues a la narración
de este día jamás olvidado
en que por bombas de aviación
nuestro pueblo quedó masacrado.

A los pilotos se ordenaba
no tener en consideración
la condición civil que honraba
a los dignos de ¡admiración!.

Mareli el Teniente Coronel
ordenaba a las escuadrillas
mirar con ojos de oropel
a la más valiosa de todas las villas.

A las seis, sin cantar el gallo,
los primeros de hierro alados
reconocen, y ya no me callo,
desde el aire nuestros poblados.

Ante la amenaza etérea
como el mejor de los subterfugios
llamaba la alarma aérea
a refugiarse en los refugios.

En la fabrica Café Baqué,
bajo la torre de Santa Ana
estaban no preguntes el qué
que ahora no me da la gana.

En Barrenkalle en el veintiocho,
en Barrenkalle hacia el veintiséis
que había no es cosa de pinocho
los que quiero que os imaginéis.

En los sótanos de las viviendas,
en el Batzoki bajo su planta
se esconde, y no son leyendas,
con pánico mucha gente santa.

Tras esta primeriza pasada
nuestra villa que se lleva el susto
recibirá al ser repasada
ira, rabia, dolor y disgusto.

Desde Logroño y desde Soria
unos cazas y unos bombarderos
despegaban sin pena ni gloria
cual pájaros con piel de corderos.

Son entorno a dieciocho cazas,
de los segundos dos escuadrillas
quienes reducen templos y casas…
a escombros, cenizas y astillas.

Soltarán su abusiva tos
porque no nos quieren a ninguno
cazas Fiat ce erre treinta y dos,
bombarderos Savoia ocho uno.

La doscientos trece escuadrilla
hacia Elorrio coge la derrota
para dejar a mucha cuadrilla
con el alma destrozada y rota.

Cinco aparatos se ensañan
en este villorrio palaciego
al que con dañoso daño dañan,
¿no lo ves o es que estas ciego?

Murciélago es el nombre de guerra
de estos aviones que en su cola
a esta rata con alas que aterra
sobre negro en blanco llevan sola.

¿Cómo se pueden llamar murciélagos
los que atacan con la luz del día?
¡Es como querer que haya archipiélagos
en una desértica sequía!

Son los Savoia ese ocheinta y uno,
no los Junker ju cincuenta y dos,
los causantes de este acto bajuno,
a más de atroz, veloz y feroz.

No es cachondeo ni es broma,
es una angustia de pesadilla
que dirección a Durango toma
la doscientos catorce escuadrilla.

Dejando el sol a sus espaldas,
a las ocho y media arriba abajo
bombarderos con guardaespaldas
Durango dejan como un andrajo.

Nuestra villa de valle a pique
a malas la mandan, no a buenas,
bajo un atronado repique
de campanazos y de sirenas.

Enfilan la calle Kurutziaga
dando muestras de irreverencia
hacia Santa María que paga
con carestía ser referencia.

Cinco bombarderos alocados
y nueve cazas recién diablados
hundidos dejan y trastocados
muchos lugares. ¡Pero qué endiablados!

Para cometer una incultura,
que ni un descargo la descarga,
a mil quinientos metros de altura
los bombarderos sueltan su carga.

Caen en Durango como trombas
de unos cincuenta kilogramos
un total de unas ochenta bombas
para ver si por fin malogramos.

En Kurutziaga que aquí idolatro
sufren impactos de forma incruenta
las casas treinta y dos, treinta y cuatro
treinta y seis, treinta y ocho y cuarenta…

Ni la ermita de la Vera Cruz
ni la iglesia de los Jesuitas
están a salvo de la acritud
que al aire dejan estos fascistas.

En la iglesia de los de Loyola
se estaba diciendo la misa
cuando destrozan tal que escayola
su bóveda y también su cornisa.

Dando gracias a Dios se hallaban
en su interior una cincuentena
que ven como sus vidas hollaban
quienes merecen la cuarentena.

Hasta el hombre de Dios desfallece
dando la comunión a los fieles
por un hatajo que bien merece
que les llamemos desde aquí infieles.

Al convento de Santa Susana
no por azar le toca la china
en la hora en que sufre la insana
carnicería y escabechina.

Onces monjas y una sirvienta
se extinguen en el mismo acto
en que alguna bomba revienta
en mil pedazos. ¡Qué poco tacto!

En la iglesia de Santa María,
en la calle que lleva su nombre,
el mismo desgarro bramaría:
¡Señor, esto no tiene pronombre!

En el pórtico había mercado,
en la iglesia celebración
cuando del cielo el mismo pecado
origina la depredación.

Cuatro infernales artefactos
traspasan la bóveda y el pórtico,
lapidando para ser exactos...
¿No me serás todavía agnóstico?

Otros cuarenta y el sacerdote
parten desde la iglesia al cielo,
¿no te indigna este acto, machote?
¡O es que tu alma es de hielo!

El altar mayor y el gran coro
se llevarían la “peor” parte
por estas bombas que como un loro
antes de estallar silban sin arte.

Los bancos se llenan de escombros,
la gente se haya sepultada,
¿no osareis sacar a hombros
a los autores de esta cerdada?

Como la calle de Andra María
tronante tragaron pedorreta
ambas ayer General Eguía:
Uribarri y Kampatorrosteta.

En la Andra María calleja
peor parados salen los pares
que un par o pareado de impares
para el que plantan pura colleja.

La primera casa tras el puente,
a la izquierda, aquí me refiero
para decir que una bomba hiriente
la atravesó desde el cielo fiero.

Antes que aquél a derecha, izquierda
y tras él todas las moradas
quedaban por las bombas de mierda
con moretones y amoratadas.

En Kampatorrosteta las casas
que dan de la iglesia al oriente
sienten la macabra, en sus carcasas,
“andanada” que lanzo un riente.

Si miraras al de Santa María
desde el puente de Montevideo,
en seis casas que allí había
a la izquierda verás bombardeo.

Desde el levante hacia el poniente
si recorrieres Andra Maria,
el hogar que topares enfrente
un bombazo lo lastimaría.

Tampoco el frontón se salva
de esta salva de explosiones
que bombas lanzadas a mansalva
originaron sin discusiones.

Porque no se paró en la pregunta:
¿tantas muertes para qué sirvieron?
muchas otras viviendas sufrieron
real salvajada no presunta,

Por una masa de aves marrana
llena de arrogantes y arrogados
cuatro mil kilos, dile a paisana,
de explosivos son arrojados.

Hacia las once de la mañana,
cuando el pueblo sigue aún incrédulo,
ellos con su locura rayana
evaluaron los daños ,¡crédulo!

Aviones de reconocimiento
llamarles es garrafal error
pues aunque adquieran conocimiento,
se desconocen en su terror.

La búsqueda y el desescombro
de supervivientes y de muertos
hasta a un ciego causaría asombro,
nublados dejaría a los tuertos.

¡Ay! ¡Cuánto dolor a flor de piel!
¡Au! ¡Cuánta cicatriz impensable!
¡Traedme un sorbo!, ¡ah!, ¡De aguamiel!
¡Guillotina para el responsable!

Almas de todo el pueblo vasco
en nuestra villa van a arrimar
esos hombros que son el peñasco
de la Euzkadi que hay que animar.

Al cementerio poquito a poco
cuerpos sin anima van llegando
que familias alegres o llorando
dicen ahora sí o ahora tampoco.

A las seis menos cuarto, a la tarde,
Durango aún humeante y herido
vuelve a arder porque el cobarde
vuelve a hurgar en lo más querido.

Once bombarderos repartidos,
ocho en Durango, tres en Elorrio,
corazón y alma abatidos
nos dejan con su cruel jolgorio.

Son diez bombas de cien kilogramos
y treinta y seis de cincuenta al kilo
las que allí en Elorrio, digamos,
los corazones dejan en vilo.

Una quincena de ágiles cazas
son la escolta que hace sombra
a aquellas pesadas torcazas
que en nuestros cielos están de sobra.

En esta segunda incursiva
el Durango antiguo padece
a esta bandada agresiva
que apareciendo no compadece.

Pasan por encima de las testas
de las de aquellos del camposanto
que de la muerte traen sus protestas
con vocecillas de sacrosanto.

En el aire sobre el cementerio,
Antso Esteguiz calle abajo
vuelan los aeroplanos bajo
y redundan en el vituperio.

Kalebarria y Goienkalea,
Barrenkalea y Artekalea,
no olvidéis jamás la ralea
de quien vino por Zeharkalea.

Recordad bien, calles de Durango,
el cómo suena el fandango y tango
que volverán quizás atronando
para llevaros de nuevo al fango.

En Durango, nuestro anfiteatro,
del firmamento caen como mazas
de cincuenta, cincuenta y cuatro,
de cien kilos, veintidós bombazas.

Siete mil ochocientos cuarenta
kilos hace en total la carga
que en esta tarde de la afrenta
a nuestro pueblo se le descarga.

Junto a los daños de la metralla
causan espanto, mal y pavura
aquellos cazas que de la raya
se pasaron con su atroz locura.

En los de este Durango linderos
sobre el aire, a ras del suelo
ametrallan a quienes sinceros
se escapaban entonces del cielo.

Por las campas a paso a través,
sin mirar atrás por las huertas
otra vez a encontrar el revés
de las puertas de la muerte abiertas.

Desde la nube el piloto avista
a esas piernas que al galope
el que no pasarán ya revista
lo desconocen como un miope.

Por Landako y por Montorretas,
por San Roque y por Intxaurondo…
en los cazas a las metralletas
los asesinos van en redondo.

Todo el que huía de la villa
tenía que pagar el peaje
que desde arriba esta manadilla
con plumaje imponía y pelaje.

En aquél demoníaco día
más de uno huyendo de la muerte
mira por donde se escondía
hasta en las tumbas. ¡Anda qué fuerte!

De Durango su casco antiguo
en esta pasada de crepúsculo
no sufre un menoscabo exiguo,
sino un estropicio mayúsculo.

Los Ferrocarriles Vascongados
en sus talleres y en su estación
impíamente bombardeados
resultaron en esta acción.

Llega a su ocaso la trama
cometida por los bombarderos
que causan en la villa un drama
aunque lo nieguen los embusteros.

Hay quien pone la mano en el fuego
para decir que sí se gastaron
bombas incendiarias que luego
incineraron y devastaron.

El desconcierto es absoluto,
la desolación inenarrable,
¿por qué emperifollasteis de luto
a nuestro pueblo sin ser culpable?

Como medida de salvaguardia,
para evitar remate nocturno
en Durango a oscuras la guardia
se hace y el dolorido turno.

En la villa sin corriente eléctrica
acostados, pero no dormidos,
durangueses de alma ecléctica
no olvidan estos sin sentidos.

En Bilbao y en Amorebieta
los heridos puestos a recaudo
pasada la primera rabieta
nos aparecen ya con su laudo.

¡Biculpables de asesinato!
Vuestros actos no son disculpables.
¡Daros a ingerir arseniato
merecerías por ser culpables!

Ni siquiera Ochandio se salva
de la cargada de odio barrida
que hacia la tarde, no hacia el alba,
la escuadrilla le mete de arriba.

Dos días más tarde, el dos de abril,
de memoria sabiendo los planos,
nos causan otro estado febril
aparatos y aeroplanos.

Despegan esta vez de Vitoria
los emplumados de hojalata
que nos marean más que una noria,
que a todas horas nos dan la lata.

La doscientos trece escuadrilla
deja en Durango a su siguiente
para ir a la Mañaria chiquilla,
a plantar su explosiva simiente.

Durango era un mar de ruinas
en el que estas máquinas malditas
van a aovar tal que gallinas
en vez de huevos, recias bombitas.

Hacia las cinco, al atardecer,
tres Savoia ochenta y uno
a bombas van a enardecer
nuestro fiel corazón de tribuno.

Las que en este raids numeramos
para que de una vez te des cuenta
diez bombas son de cien kilogramos
y unas treinta y seis de cincuenta.

A pueblos de los alrededores
en busca de la seguridad
muchos de Durango moradores
huyeron ante la inseguridad.

Los que en nuestra villa se afanaban
en encontrar a supervivientes
en su gran mayoría acababan
como los muertos, sin ser vivientes.

Son quienes ayudan en el caos
bomberos, Ertzantza y sanitarios
quienes murieron en los calcaos
bombardeos de abril sanguinarios.

Este día no fue respetado
ni el símbolo de la cruz roja
que ondeante y recatado
el hospital con orgullo aloja.

Seis religiosas y tres sirvientas
desplomadas caen en la clínica
porque aves sin ánima y sangrientas
las bombardean de forma cínica.

Cuando el terror parece pasado,
apenas dos días transcurridos,
Durango vuelve a ser repasado
por las naves en sus recorridos.

El día cuatro de abril sucedía
el que era el quinto bombardeo
que en Durango con osadía
realizaban sin parpadeo.

Tan pronto como callan las bombas
necesarias voces de condena
acusan a quienes a zambombas
Durango rinden de forma obscena.

El Gobierno de Euzkadi acusa
en los rotativos y en las ondas
a quienes sin causa ni excusa
a bombas vienen contra las hondas.

En estos intervalos agónicos
para que den cauce a su congoja
sus letras prestan a los afónicos
el “Euzkadi” y la “Euzkadi Roja”,

Esta noticia de hebdomadario…
encuentra su diminuto hueco
en algún que otro estatal diario
que no se hace del hecho eco.

Las gacetas internacionales
contribuyen a la difusión
de estos actos subirracionales
que merecían redifusión.

Tanto agencias como redacciones
de información de todo el mundo
recibieron de estas acciones
un testimonio visual rotundo.

Tomadas fueron las captalapsos
por las secciones de propaganda
que el Gobierno Vasco a los colapsos
envía porque ordena y manda.

Con parte de estas fotografías
cuartillas, carteles, pasquines…
se editaron por las geografías
que asentían el ¡si serán ruines!

El Gobierno Vasco da a la luz
con las en blanco y negro un folleto
que da color a la contraluz
al descubrir el pastel y secreto

Crónicas, telegramas y cartas…
las cartas ponen sobre la mesa
de estos pasares con tantas faltas
como recuerdos ha la promesa.

Conferencias y comunicados,
charlas y manifiestos no cultos
atestiguo de asaces pecados
son que alguno desearía ocultos.

Es un tema objeto de debate
en parlamentos europeos
este disparate y dislate
del que pronto se verán sus reos.

De Euzkadi el lehendakari primero,
Jose Antonio Aguirre en persona,
a Núremberg va con su empero
por ganar pena a muerte o chirona.

El tribunal no es comprensivo
ni admite a trámite la denuncia
del pueblo vasco que no renuncia
a ver juzgado al desaprensivo.

Tan pronto como se hace presente
el bombardeo de Perogrullo
vienen los sublevados de enfrente
no de frente, sino de chanchullo.

Porque dan rienda suelta a un regüeldo
a la usanza de mal hierbatero
son tergiversadores a sueldo
y adúlteros de lo verdadero.

Hay quien llega a negar lo innegable,
que no es sino el bombardeo en sí,
aun sabiendo que no es negable
que aquí se derramó carmesí.

Culpan a su vez de lo ocurrido
al rojo, anarquista o patriota
que harto está ya como aburrido
de ser tenido por un ilota.

¿Cómo puede acusar el verdugo
a la víctima de ser causante,
si no es porque te cree un tarugo,
si no es porque es malvado y farsante?

Hay quien reconoce el ataque
sólo de objetivos militares,
ocultando que tras el vivaque
superiores los hay malestares.

En algunos se dio en la diana,
otros ni siquiera son el blanco,
de quien vino a la siciliana
y no a lo franco a nuestro flanco.

El colegio de los Jesuitas,
que al batallón Kirikiño alberga
bien parado sale de las cuitas
defecadas de muy mala verga.

A los que fallecen en la iglesia,
una cincuentena, literal,
el enemigo una peripecia
llamará o daño colateral.

Santa Susana al batallón
de Minadores Zapadores
acoge, pero el bermellón
tampoco aquí es de los luchadores.

San Francisco es el escondite
de unos cuantos grupos de combate,
mas mira por donde se repite
el que no sufran siquiera embate.

La iglesia de San Agustín
que era el almacén logístico
ni aun siendo todo un fortín
despierta la atención del balístico.

La plazoletilla del mercado,
usada entonces de paracoches,
indemne sale del altercado,
¿por qué no la ven estos fantoches?

Pegada al puente del Montón
“La hijos de Mendizábal” empresa,
aunque hacia abajo caen un montón,
sale del bombardeo ilesa.

Aunque de un fusil de repetición,
del llamado Máuser, cartuchería
allí tuviere fabricación
no sufre en la superchería.

Al de Mendizábal chaletazo
que al batallón de artillería
amparaba ni un coletazo
le metían. ¿Mala puntería?

“La Ferretera Vizcaína” misma,
que también se paso a los cartuchos,
no verá que le rompan la crisma
los avechuchos, los aguiluchos.

La “Mikeldi” y la “Ortiz de Zarate”,
que hacían bombas de aviación,
que ni un solo rasguño hubieran, ¡cágate!,
disparate es sin alegación.

Tampoco las comunicaciones
aparentan ser el objetivo
de aquellas circunlocuciones
que miserables han de adjetivo.

No es derruido en la jugarreta
por este enemigo alado
el puente del Montón que calado
de Durango separa a Iurreta.

Ni lo es el de la Ferretera
ni sobre el Ibaizabal cualquiera
que a nuestros gudaris hubiera
encerrado como a una fiera.

Recapacite usted y advierta
como con Bilbao y con el frente
al no cortarse sigue abierta
esta vía necesariamente.

El veintiocho de abril de este año
por los gudaris en retirada
la unión por el Montón de antaño
a bombas era periclitada.

Tampoco el puente de Arzubia,
que entrelaza Durango y Matiena,
el pasto era de esta lluvia
que en nuestra villa con fuerza atruena.

En el olvido caen e ignorancia
de quien nos mata o nos aíra
otros puentes de suma importancia,
Santas: María, Ana o Tabira,

Ha de ponerte sobre la pista
que esconde tras el lienzo el cuadro
que no había hogaño autopista
ni la nacional seis, tres, cuatro.

Bombardeando de Sur a Norte
o a la inversa de Norte a Sur
a la comunicación tras corte
le hubieran dicho agur, agur.

Unas pasadas sobre los puentes,
sin olvidarse de los del tren,
hubieran sido de contundentes
como uno de esos ¡por ahí os den!

La BI seis, tres, dos hacia Elorrio,
la BI tres, tres, tres, tres a Matiena
habrían quedado hechas bodrio,
por inútiles darían pena.

La carretera hacia Ochandiano,
la Bilbao seiscientos veintitrés,
objetivo del aeroplano
debería haber sido, ¿o no ves?

Desde Tabira Kalea hasta
el final de Fray Juan de Zumárraga
con una sola carrera basta
para que Otxandio vaya hacer gárgara.

¿Cuál era entonces el objetivo
de esta locura despiadada
si no matar al que estaba vivo
sin vergüenza, a la descarada?

¿Convencer de que iba de veras,
que no era para nada una trola,
el arrasaré que de boca oyeras
a Bizkaya del General Mola?

Matar, matar, matar y matar
a un enemigo que debiere
morir luchando o acatar
el objetivo es que yo viere.

Poner de rodillas a Durango
para poner en pie a un tirano
de los de durando y durando
antes que temprano yo anciano.

Hay también abundante empeñado
en atenuar y descontar
el cuántos muertos, cuánto dañado,
que con permiso paso a contar.

El balance es aterrador
de esta obra de sumas erratas
que tiene más de un falseador,
que tiene más de un papanatas.

Aun a costa de los borrapistas,
aun a pesar de los quitahuellas,
con aires numeramos papistas
y aireamos nuestras querellas.

En las apresuradas batidas
que mandan Durango al carajo
setenta y un casas abatidas
resultan de arriba abajo.

Cinco edificios o inmuebles
mantienen a la gente en vilo
por sus poses delebles y endebles,
por su puro pender de un hilo.

Realizadas en locas pasadas,
con cisuras, fisuras, fracturas…
aparecen en sus estructuras:
doscientas veintinueve moradas.

Tres iglesias se vienen al suelo
por esta granizada estallante
que no se detiene ante el duelo
y que amenaza desafiante.

La iglesia de los Jesuitas,
Santa María y Santa Susana
como unas florecitas marchitas
quedaban en la verde sabana.

La piadosísima residencia
de los padres jesuitas píos
sentirá en si toda la demencia
de estas aves que le hacen píos.

Diez edificios municipales
son alcanzados en su esqueleto
por estas boñigas capitales
que los ponen en serio aprieto.

Dos conventos con santo y santa,
Santa Susana y San Francisco,
quedan por la llovizna que espanta
con una contractura de disco.

Por una mataciviles inhóspita
que la golpea como un badajo
la cruz de Kurutziaga insólita
resulta arrancada de cuajo.

Hasta el Batzoki Tabiratarra
va a sentir toda la crudeza
de una a ojo arrojada chatarra
y sin arrugarse y con crudeza.

Trescientos veintiún edificios,
no lo tomes como una hipérbole,
el balance es sin beneficios
que al pueblo de Durango exacérbole.

Desconozco el número de heridos
en estas jornadas que dejan
trescientos treinta y seis queridos
que para siempre se nos alejan.

Y aunque importe si son más o menos,
habrá quien dirá que este engaña,
mas digo a propios y a ajenos
que ni uno de ellos valía España.

¡Ni uno! y pues fue a la fuerza su adiós
en razón cual justicia verdad
se merecen, también ir con dios
y a la par descansar bien en paz.